El llamado profético de Ricky Ponting y la alegría de ser un adivino del cricket | Cricket
h¿Alguna vez has predicho con precisión lo que sucedería en un campo de cricket antes de que se lanzara la pelota? Es un sentimiento increíble. Ese momento en el que miras hacia el campo, recuerdas quién está bateando y piensas: “Aquí está la bola corta”, sólo para que llegue, sea arrastrada y luego lanzada a un lugar seguro por el jugador que habías rodeado mentalmente en un cuadrado profundo. Por una fracción de segundo te sientes omnisciente. Como si hubieras descifrado el código. El críquet, más que cualquier otro deporte, invita a este tipo de previsión. Sus motivos son legibles, sus trampas visibles, sus repeticiones reconfortantes.
Incluso a los niños más grandes les gusta jugar a los adivinos. Durante la tercera prueba del reciente Ashes, Ricky Ponting estaba convocando la acción para el Canal 7 cuando Pat Cummins estaba en el campo preparándose para enfrentarse a Brydon Carse. “La última vez vimos a Cummins tener problemas por el que subía hacia la axila izquierda”, dijo Ponting. “No es un gran dueño de la pelota, intenta rebotar y es por eso que me gusta este lanzamiento. Tienes uno en el gancho, así que no puedes jugar eso, tienes uno esperando debajo del casco en la pierna corta”.
Como un reloj, el capitán australiano disparó un tiro directo a Ollie Pope en el tramo corto. Ponting, un hombre que lo ha conseguido todo en el deporte, se reclinó con una sonrisa de satisfacción. Las redes sociales hicieron el resto: clips, aplausos, gifs, el conocido estribillo sobre su genio y su asombrosa habilidad para ver el partido tres balones por delante.
Pero había una verdad más silenciosa, a plena vista. Ponting no había preparado la emboscada. Ben Stokes lo había hecho. El terreno de juego ya estaba preparado, el balón corto ya formaba parte del plan. El don de Ponting no fue tanto la profecía como el reconocimiento de patrones, una comprensión elitista de por qué se tomó una decisión, no la propiedad de la decisión en sí.
Esta distinción es importante. Porque el cricket moderno es cada vez más un juego de elecciones premeditadas: se registran las tendencias y se prueban las debilidades antes de que el jugador comience su swing. Lo que parece instinto es a menudo una preparación que se vuelve invisible. Aplaudimos la voz que lo llama, no la mano que lo mira, y al hacerlo nos perdemos la historia más interesante, que es cómo la capitanía vive ahora en algún lugar entre la intuición y los datos concretos.
Para comprender por qué momentos como el de Ponting parecen tan proféticos, es útil comprender la arquitectura que hay detrás de ellos. En el cricket moderno, la previsión tiene cada vez más un nombre: enfrentamiento.
Ben Jones, analista senior de CricViz que ha trabajado con equipos de franquicias en todo el mundo, lo define de forma sencilla. “Un partido es una buena opción para jugar contra un determinado bateador, o una buena opción para que un bateador se enfrente a un determinado lanzador”. Básicamente, esta es una ventaja técnica. “Estás tratando de crear una situación en la que un jugador bien adaptado de tu lado juega contra un jugador mal adaptado del otro lado”.
La idea en sí no es nueva. “Los capitanes siempre han pensado en quién es un buen lanzador para jugar contra ese bateador”, dice Jones. “Lo que ha cambiado es cómo se llega a estas confrontaciones y cómo se comunican”.
Donde antes se trataba de intuición y experiencia, ahora se trata cada vez más del resultado de bases de datos y modelos. Los analistas pueden revisar el historial de enfrentamientos, las alturas de lanzamiento, las velocidades y los tipos de swing. Esta influencia ya no es discreta. “El analista solía ser el nerd que estaba al final de la caja”, dice Jones. Ahora, los analistas se sientan en las mesas de ofertas, transmiten señales desde el vestuario y toman decisiones en tiempo real. “Existe una mayor aceptación de los datos de los jugadores que crecieron en el cricket de franquicia”.
Jones se apresura a señalar sus limitaciones. Recuerda haber presionado mucho para que Phil Salt y Will Jacks abrieran para los Pretoria Capitals en SA20, argumentando que los números de Kusal Mendis en comparación con el ritmo y el rebote lo convertían en una mala opción. El entrenador en jefe, Graham Ford, lo canceló y Mendis, después de trabajar en esta debilidad, destrozó el torneo.
Esta anécdota resuena con Adam Hollioake, el ex capitán de Inglaterra y Surrey que ganó tres campeonatos del condado entre 1999 y 2003, justo antes de la revolución de los datos. Para él, el peligro no está en la información en sí, sino en confundirla con la verdad. “Es un buen sirviente, pero un mal amo”, dijo Hollioake.
Se ofrece a sí mismo como ejemplo. “Se podrían mirar los números y decir que no fui muy bueno contra los giros de piernas porque tuve problemas contra Shane Warne”, dice. “Pero si alguien me lanzaba una fuerte patada en la pierna, era muy bueno para destruirlos. Los datos pueden mentir. Hay que tener cuidado de no tomarlos como un evangelio”.
Hollioake recuerda la capitanía como una profesión basada en la conversación y la memoria más que en las mediciones. “Se trataba de preguntar a la gente sobre su experiencia, obtener información de ella, y luego el capitán la recordaba y la aplicaba en el momento adecuado”. Según él, el círculo está cerrado.
“Antes de 1995, el conocimiento aplicado del cricket era el principio y el fin de todo. Luego llegaron los análisis y quien los tenía tenía una ventaja competitiva. Ahora todos tienen un analista. Así que la ventaja es para quien pueda aplicar mejor la información”.
Por eso momentos como el de Ponting resuenan con tanta fuerza. Suena como una profecía, pero en realidad es reconocimiento: la capacidad de leer patrones, recordar eventos pasados y comprender por qué se definió un campo. Puede que todavía aplaudamos la voz que lo llama, pero el juego en sí nos recuerda que la intuición siempre ha estado compartida entre números y nervios, entre preparación y sentimiento. Sin embargo, cuando hace clic, no hay mejor sensación.